Poesía Social
- wolfartevisual
- 21 may
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Actualizado: hace 1 día
He sido, desde que tengo memoria, un caminante del descontento. Mi esencia, que primero buscó respuestas en la bruma de las ideas y luego se asentó en la firmeza del suelo y su materia, siempre ha vibrado contra el muro de la desigualdad. Entiendo el arte no como un adorno para los salones del opresor, sino como una tea que alumbra el trasfondo de nuestra realidad herida. El teatro ha sido mi trinchera y la poesía mi respiración; en ambas habita la ciencia del inconformismo: esa urgencia de ser voz de los silencios que la historia ignora.
I. Los Oprimidos
He ahí los despojados:
hombres de mirada antigua y faz labrada,
los que siembran el día con el golpe seco
de un alma que ya no espera nada.
Helos ahí:
proletarios de la fuerza bruta,
que van degollando los minutos,
haciendo del tiempo una llagada ruta
para engañar al hambre y sus tributos.
Trapecistas del hambre y la jornada,
que esconden la pena en la mejilla
con una risa de cal, mal maquillada.
II. El Hierro y la Tierra
Helos ahí:
con el acero que hiere los silencios
al morder el asfalto y su dureza;
con la mente prendida a la máquina,
perdiendo en el engranaje la pureza.
Con la pala al hombro, como quien lleva un muerto,
para apuñalar la tierra y buscar el pan;
o como el mercenario que en el vientre abierto
de la guerra, hunde sus manos que no volverán.
III. La Patria
Helos ahí, con el nombre y la bandera
que el sistema les cosió sobre la frente,
herederos de una patria que es hoguera,
un luto negro que nos envuelve el vientre.

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